MILI VANILI

Su peripecia comenzó a finales de los años 80, cuando el productor alemán Frank Farain, el mismo que lanzó a Boney M, decidió “fabricar” un grupo de pop que arrasara entre las adolescentes.


Encontró entonces a Rob y Fab, dos bailarines guaperas, que no cantaban precisamente como el audaz manager hubiera querido. En cambio su forma de bailar y su imagen -lentillas de colores, melenas llenas de trencitas y pantalones pirata muy ajustados- harían furor entre sus seguidoras. Rob y Fab sólo tenían que mover los labios y tras ellos, dos cantantes de verdad pondrían las voces. Y así, en 1988, nació Milli Vanilli. El dúo arrasó en las listas de ventas y en 1989 obtuvo el Grammy al mejor artista novel. Tan entusiasmados estaban que incluso llegaron a decir de sí mismos que eran mejores que Elvis, Bob Dylan o Los Beatles.
Mientras, los verdaderos intérpretes de las canciones, John Davis y Charles Shaw, eran mencionados en el disco como “voces de acompañamiento”.
Pero como en el cuento de Cenicienta, el sueño acabó en noviembre de 1990, cuando se descubrió el montaje y salió a la luz que Rob y Fab se limitaban a mover los labios. A partir de entonces, Milli Vanilli pasó a ser objeto de indignación y burla y la caída fue en picado. Tuvieron que devolver el Grammy y sus fans se querellaron contra la discográfica: sólo en dos meses se acumularon 80.000 denuncias. La sentencia llegó el 23 de marzo de 1992, cuando un jurado de Chicago condenó a la compañía de discos a devolver el dinero a los estadounidenses que habían comprado su disco o que habían ido a sus conciertos. Finalmente, a la historia de Milli Vanilli se sumó la tragedia del suicidio de uno de los miembros del duo. Rob Pilatus, totalmente destrozado por el alcohol y las drogas, decidió poner fin a su vida en la habitación de un hotel de Frankfurt el 2 de abril de 1998.